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La Ruta Jordana
por Andrew
Evans

  • abril 07, 2017 |
  • Por JTB Copywriter


Descubre Feynan

El Primer Día, por Andrew Evans.

Haciendo Historia en Jordania

Tres gotas de lluvia cayeron sobre mi cabeza, y luego, ésta se detuvo. En pocos segundos, la oscura neblina de la lluvia desapareció a favor de una luminosidad general que igualaba el humor de la multitud. La nuestra era un pequeño grupo: una docena de personas, de pie, afuera de las ruinas históricas de Um Qais en un tranquilo viernes por la mañana. Algunos excursionistas estaban ocupados llenando sus botellas y mochilas con agua, otros ajustaban sus botas, revisaban sus teléfonos una última vez; pero luego todos nos detuvimos a escuchar.

El discurso fue breve y al punto, sólo una rápida felicitación de Lina Annab,  la Ministro de Turismo, que estaba preparada para el camino por delante, con botas sólidas y postes de senderismo.

“Este es un hermoso sueño hecho realidad”, dijo, “El día de hoy estamos haciendo historia en Jordania”.

Los repetidos gritos de yalla (¡Vamos!) nos siguieron hacia el primer punto de la ruta, un rectángulo pintado de rojo y blanco que marca el inicio de la Ruta Jordana, de 400 millas (640 km).

Como un verdadero senderista – alguien que se compromete a caminar todo el sendero en un ir consecutivo – esperaba más ceremonia. A medida que pasa el desfile de los compañeros de sendero, me quedé un momento, inhalando profundamente antes de cruzar la línea imaginaria y plantar mi pie derecho en el polvo. Parafraseando al filósofo chino Lao Tze, el viaje de 400 millas comienza con un solo paso, y yo tomé ese primer paso a las 9:30 a.m. del último día de marzo.

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Y así comienza

De inmediato, la primer milla me impactó con un verde intenso, un intenso verde primaveral que contrasta con la impresión más común que se tiene de Jordania, con sus desiertos y el Mar Muerto. Aquí arriba, en el norte, todo estaba tan vivo que se podía oler, ¡e incluso probar! Aparte de las suaves pendientes de trigo y cebada verdes y sanas, campos completos de arugula salvaje perfumaban el aire. ¡Olvida los frutos secos! arranqué las hojas frescas de los tallos y comí de esta ensalada natural, mucho mejor que cualquier cosa que se pueda conseguir en una tienda.

Luego vinieron las flores: millones de flores silvestres que pintaban cada nueva colina con rojo, blanco y amarillo. Me encantaron las amapolas carmesíes, brotando desde el borde del sendero, seguidas por los iris salvajes que crecían de afloramientos pedregosos. Por momentos, me encontré vadeando a través de interminables margaritas, perdido en una especie de estado de sueño alternativo en el que todos los otros colores del mundo se han ido y nos han dejado solo con el amarillo.

Estas primeras horas maravillosas de senderismo se sintieron como si se pisaran los frenos, desprendiéndose del veloz carrusel de la vida moderna embarcándose a un camino más lento, rechazando todos los beneficios de los motores y la velocidad del tránsito en favor de mis propios pies.

La Ruta Jordana no es una carrera, sino un cordel largo, ininterrumpido de momentos increíbles y belleza que se extiende por todo un reino: el sendero exige un paso a la vez. Parar es tan importante como andar, y me deleité en cada pequeño descanso que tuvimos para parar y sentarse, para observar y escuchar, y simplemente estar en cada nuevo lugar. Almorzamos bajo la sombra de un árbol frondoso, cenando todos juntos de sacos de papel rellenos de delicias jordanas como pepinos frescos, manzanas y pan de hinojo. Éramos 33 senderistas en total, cada uno con su propia conexión personal a la ruta. Algunos sólo caminaran en este primer día histórico, otros tenían la intención de caminar solo por la primera de  ocho secciones de la ruta, y algunos de nosotros estábamos intentando todo el thru-hike.

Nuestros dos guías, Mohammed y Mohammed, son los primeros en completar una caminata por la Ruta Jordana, lo cual lograron en sólo 29 días. De inmediato, comenzaron a enseñarme una larga lista de palabras en árabe, y cómo mandar a las ovejas ya las cabras con las que nos cruzábamos. Nunca llegamos lejos sin encontrarnos con otro rebaño de animales de pelo enmarañado que nos balan de nuevo para luego huir. . . aborregadamente. Sobre todo, me encantaron los corderos y los cabritos, recordándonos que ahora es primavera, que como este sendero, todo es nuevo y potente, con una vida larga por delante.

Perdí la cuenta de los niños pequeños que nos saludaban, agitando las manos, riendo, gritando “hola” (¨hello¨) y animándonos como si estuviéramos corriendo por el Tour de Francia. Por desgracia, simplemente estábamos de paso, pero nuestra caminata no es un evento aislado. Cada persona nos ve, y nosotros los vemos, y ese momento hace otra marca en este sendero.

Al subir más alto, más allá de campos de garbanzos y olivares, olíamos el humo fragante de las barbacoas al aire libre: familias enteras reunidas alrededor de un fuego, asando a la parrilla kebabs en esta tarde de fin de semana. Una hora más tarde, todos nos reunimos alrededor de nuestro propio fuego, sonriendo de la buena caminata del día, bebiendo tazas ahumadas de té y disfrutando de la reminiscencia de la tensión física, recompensando nuestros cuerpos con descanso.

La Primera Noche

Monté mi tienda junto a un olivo nudoso, justo cuando un grupo de ovejas se apresuró a pasar, su pastor asintiendo con la cabeza desde atrás en su burro. El cielo se puso rosado y nos deleitamos con pollo, arroz, berenjena y demasiadas cosas buenas para contar; luego hablamos y nos reímos, hasta que, uno por uno, sucumbimos al agotamiento, retirándonos a la paz temporal de nuestras tiendas individuales.

Esa es la maravilla del senderismo: vivir toda una vida en un solo día de camino;  parpadear en la oscuridad de la noche y notar absolutamente todo: un relámpago del norte, la flauta de un pastor, el ladrido de un perro y el lejano llamado a la oración vespertina.

Dormí profundamente hasta la medianoche, cuando me desperté por el aullido (yip-yip) de los chacales, seguido por una fugaz lluvia que hizo cosquillas en la tienda y enfrió la noche. Entonces me desperté una vez más, al amanecer, despuntando la mañana con la súbita luz del sol, inhalando el olor de otro fuego que brillaba bajo las ollas que aguardaban con el café.

Topics: Adventure TravelAndrew Walks Jordan

Me senté en mi saco de dormir y me froté la cara, luego rápidamente amarré mis botas, porque hay muchas millas por recorrer y esto es sólo el comienzo.

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